La Empresa Familiar es aquella cuya titularidad se encuentra en manos de personas que están vinculadas por lazos familiares. Estas personas suelen tener conflictos propios de las relaciones de familia, a los que se le agregan los de la actividad empresarial. Con frecuencia los conflictos familiares se transfieren a la actividad empresaria perturbando su normal funcionamiento.
Los tipos de conflictos más comunes en las empresas familiares son los llevados a cabo entre las generaciones masculinas y los relacionados con la mujer en la empresa, sobre la inclusión o no de las hijas y las esposas en la empresa familiar. Es frecuente la guerra generacional entre el padre y los hijos por la conducción o sucesión en la empresa, en la que los factores afectivos suelen predominar respecto de los intereses de la empresa. Los conflictos de esta índole también se manifiestan en la misma generación, como ser los problemas entre hermanos o disputas con otros parientes, como las esposas de los hermanos, la madre, o las hermanas, que "apoyan" por motivos afectivos o de reconocimiento a su candidato. Esto suele ocurrir de manera conciente, pero también ocurre sin que se perciba, en cuyo caso el conflicto se puede detectar a través de los resultados de la labor en la empresa, que pueden no alcanzar los niveles esperados.
Estos conflictos pueden ser resueltos mediante la intervención de un Mediador a fin de evitar la violencia entre los familiares o que recurran a la justicia, involucrando a la empresa en largos y costos conflictos legales ocasionando el desgaste de sus miembros y la decadencia, cuando no, la disolución de la empresa.
En los conflictos referidos, el mediador debe tener en cuenta dos pasiones que juegan un rol protagónico en los vínculos familiares y empresarios: las fuertes identificaciones con el conductor, que no necesariamente significa tener sus atributos para el cargo que puede llegar a dejar vacante, y la culpa inconsciente de los que pelean por la sucesión, en tanto dirigen su odio a sus hermanos, a sus padres y demás parientes, que son al mismo tiempo sus seres queridos.
Con la intervención del mediador, colaborando para que las partes puedan expresarse, es posible neutralizar esas emociones que suelen distorsionar el proyecto del trabajo en la empresa. Otras veces no se puede neutralizar totalmente estas emociones y habrá que transigir satisfaciendo algunos planteos afectivos en función de que el conflicto o la crisis no perturbe el desarrollo de la empresa.
El rol fundamental del mediador es de propiciar un diálogo entre los parientes enfrentados para que la pasión desbordada pueda ser acotada mediante el reconocimiento por los involucrados de que esos sentimientos son ajenos a la situación que plantea la empresa y que suelen corresponder historias familiares, con frecuencia infantiles, que perturban las posibilidades de continuidad y desarrollo de la empresa. Es decir, que una cosa es el interés de la empresa, coincidente con el interés económico de los involucrados, y otra los resentimientos y pasiones que vinculan a las partes y que se actualizan en el escenario de la empresa familiar. La intervención del mediador se propone entonces, que se pueda arribar a un acuerdo que preserve el interés económico de la empresa y el de los involucrados en el conflicto.
Los tipos de conflictos más comunes en las empresas familiares son los llevados a cabo entre las generaciones masculinas y los relacionados con la mujer en la empresa, sobre la inclusión o no de las hijas y las esposas en la empresa familiar. Es frecuente la guerra generacional entre el padre y los hijos por la conducción o sucesión en la empresa, en la que los factores afectivos suelen predominar respecto de los intereses de la empresa. Los conflictos de esta índole también se manifiestan en la misma generación, como ser los problemas entre hermanos o disputas con otros parientes, como las esposas de los hermanos, la madre, o las hermanas, que "apoyan" por motivos afectivos o de reconocimiento a su candidato. Esto suele ocurrir de manera conciente, pero también ocurre sin que se perciba, en cuyo caso el conflicto se puede detectar a través de los resultados de la labor en la empresa, que pueden no alcanzar los niveles esperados.
Estos conflictos pueden ser resueltos mediante la intervención de un Mediador a fin de evitar la violencia entre los familiares o que recurran a la justicia, involucrando a la empresa en largos y costos conflictos legales ocasionando el desgaste de sus miembros y la decadencia, cuando no, la disolución de la empresa.
En los conflictos referidos, el mediador debe tener en cuenta dos pasiones que juegan un rol protagónico en los vínculos familiares y empresarios: las fuertes identificaciones con el conductor, que no necesariamente significa tener sus atributos para el cargo que puede llegar a dejar vacante, y la culpa inconsciente de los que pelean por la sucesión, en tanto dirigen su odio a sus hermanos, a sus padres y demás parientes, que son al mismo tiempo sus seres queridos.
Con la intervención del mediador, colaborando para que las partes puedan expresarse, es posible neutralizar esas emociones que suelen distorsionar el proyecto del trabajo en la empresa. Otras veces no se puede neutralizar totalmente estas emociones y habrá que transigir satisfaciendo algunos planteos afectivos en función de que el conflicto o la crisis no perturbe el desarrollo de la empresa.
El rol fundamental del mediador es de propiciar un diálogo entre los parientes enfrentados para que la pasión desbordada pueda ser acotada mediante el reconocimiento por los involucrados de que esos sentimientos son ajenos a la situación que plantea la empresa y que suelen corresponder historias familiares, con frecuencia infantiles, que perturban las posibilidades de continuidad y desarrollo de la empresa. Es decir, que una cosa es el interés de la empresa, coincidente con el interés económico de los involucrados, y otra los resentimientos y pasiones que vinculan a las partes y que se actualizan en el escenario de la empresa familiar. La intervención del mediador se propone entonces, que se pueda arribar a un acuerdo que preserve el interés económico de la empresa y el de los involucrados en el conflicto.
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